por LUIS GARCIA MONTERO (fuente: El Pais)
Me incomoda el nombre de Ley de Extranjería. Resulta demasiado poético. El extranjero no dejó nunca de ser una figura con dos sombras. Llegar de otros lugares, a veces con otra lengua y otra piel, sirvió desde luego para levantar recelos, para crear inquietud en la rutina de la identidad. Nada más útil que una presencia extraña para imponer la identificación con la propia sangre. El blanco se siente más blanco ante la mirada del negro, el católico comprende con orgullo las ventajas de su tradición ante las oraciones exóticas de los infieles.


















Transcribimos literalmente el texto de la nota emitida por el Gobierno de España tras la reunión del Consejo de Ministros del viernes 10 de julio de 2009.




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